sábado 6 de febrero de 2010
EN BUSCA DE GUARIDA capitulo 2
El pasillo desembocaba en una luz intensa, que yo suponía como el paraíso pero que cuando me acerqué supe que se trataba sólo del baño. A mi derecha veo la primer habitación, en el que habitaban solamente el sillón que hacía pareja con el anterior, y un piano, la uso para pensar - dijo Laura - señalando la habitación. Hice una sonrisa cumplidora y se notó. También para recordar - me dijo - como retrucando.
Apagó la luz como un gesto de echarme, y me obligaba caminandome cerca a llegar a la segunda puerta. Tomándome una confianza que no tenía agarre el picaporte y abrí la puerta. Este es el dormitorio - dijo ella - y me hizo señas para que pasara. Se descolgó con un discurso que me atoró. Pasá no hay nada que no se pueda ver, acercate a la ventana y mirá que vista. Imaginate que con mis años ya no hay muchas cosas que uno quiera esconder, sin embargo alguna vez compartí esta cama, y con mas de un cuerpo, eso si, uno por vez. Aunque a veces me arrepiento de no haber sido mas suelta o de no haber nacido mas tarde.
En ese momento me sentí Benvenutti acercándome a las sogas, carraspeé para salir del atolladero y también se notó. Parece que tampoco yo puedo guardarle secretos a Laura. Parecía que me adivinaba los pensamientos y sonrió con una mezcla de sorna y compasión.
Me mostró el baño, con una tina muy tentadora y que seguramente también supo compartir, y desandamos el pasillo nuevamente hasta la cocina. Me invito a pasar y me dijo - acá también pienso muchas veces, pero por lo general cocino - y dejó caer una carcajada chiquita pero efectiva que me contagió. Nos sonreímos una vez mas y señalándome la pava me preguntó si gustaba otro té. Acepté y me fui a sentar en Don Brocatto, mirando hacia las ventanas con aires de lejanía. Justo cuando Laura entraba con la tetera estaba pensando porque siendo el ambiente tan luminoso, había abierta solamente una ventana.
Continuará ...
jueves 28 de enero de 2010
EN BUSCA DE GUARIDA
El diario del domingo me daba la información que necesitaba, y encontré un aviso que ofrecía un departamento antiguo en la calle Balcarce. El nombre Balcarce me atrae, por varios motivos, incluso algunos un poco forzados, pero motivos al fin. Una vez me comí un postre Balcarce a medias con un amigo llamado Pablo. Recuerdo un pedo histórico en la esquina de Balcarce e Independencia despúes del clericó adulterado de "El Balcón". Balcarce es un pueblo gran productor de papas, y a mi me encanta la ensalada de papa y huevo con oliva de primera prensa.
Alguna vez me olvidé unos conitos Balcarce en el puerto de Mar del Plata. Estuve profugado cerca de un volcán en Balcarce. A mi auto le pongo nafta Fangio que obviamente nació en Balcarce. En la calle Balcarce de Salta me tomé el primer daikiri de melón, era indudable ese departamente debia ser mio.
Me contacté con la dueña y me invito gentilmente a visitar su departamento, guiada según ella por la confianza que le inspiraba mi voz. Toque el portero casi con miedo y una voz pausada salio por las hendijas, un ruidito me abrió la puerta. Ni bien traspasé la puerta de hierro forjado y vidrio cambió el clima, y el ascensor no me inspiró confianza. Elegí la escalera de mármol y mientras subía acariciaba la madera de la baranda.
viernes 13 de noviembre de 2009
CADA LECHON EN SU TETA
miércoles 11 de noviembre de 2009
DESOCUPADO
Ya en el avión recibí una mala señal cuando la azafata culo de bolsa me convidó con una barrita de cereal anal. Preferí no recibirla y a cambio preferí solo un café simil agua de media de un tercer tiempo de Curupa en sus años mozos. El Ipod salvador me hizo sentir que como dice un amigo Formosa no esté tan lejos y el piloto con cara de bueno empezó a bajar el avión. A esas alturas del viaje lo único que se puede ver son palmeras, pasto seco, y a alguna vieja usando las bolsitas por el movimiento de las corrientes ascendentes.
Los señores pasajeros deberán descender por la puerta delantera unicamente, sentenció culo de bolsa. Ya en la escalera me recibió un hermoso clima de cuarenta y tres grados, obviamente celsius, no soy tan boludo. Taxi, hotel, y desensillé como quien dice, acomodé prolijamente mi ropa, y me dispuse a elegir cual llevaría para pedir trabajo en mi nueva actividad.
Me decidí por la zunga animal print, y me fui derechito a Macarena para ofrecer mis servicios de stripper. Luego de repetidas y aburridas explicaciones me atendió el dueño del local, que me miraba desde atrás de su escritorio y compartía miradas complices con sus dos secuaces. En el momento exacto de mi propuesta estallaron los tres en carcajadas. Un profesional como yo no merece semejante falta de respeto, estoy de acuerdo en que un tipo con zunga atigrada y medias de traje cause gracia, pero no a ese extremo.
A pesar del primer fracaso, decidi que tenía que bajar un poco el nivel y a mi entender Bambú sería un lugar mejor para mis servicios. No me equivoqué y fui atendido muy cordialmente por los hombres del lugar. Sin embargo me dijeron que me faltaban y me sobraban algunos centímetros en distintos lugares. A pesar de su confusa frase me di cuenta que ahí no estaba mi futuro como stripper y pasé de aspirante a showman a stripper desocupado.
Cuando la noche acariciaba el río Paraguay, a mi me acariciaba una considerable depresión por el mal paso en mi nueva búsqueda. Me senté en un bar con una terraza al río y puse una cara que el mismo Migré la hubiera filmado para una escena de Piel Naranja. En ese momento me di cuenta de lo que estaba ocurriendo. Lo de los centímetros no eran mas que la excusa para discriminarme por porteño. No me rechazaron por mi apariencia física sino por haber nacido en Buenos Aires.
