miércoles 11 de noviembre de 2009

DESOCUPADO

Docampo y El Fino ya no me invitan a la merienda en La Biela con J&B y queso, mi hijo al grito de Shuuuuuu me corre de mi sillón, mi mujer me habla lo justo y necesario que para ella es nada, el Fernet ya está por la mitad, y a Curupá no le va el Cuba libre los días de semana. Ante tanta decepción, el hartazgo y la vida me llevaron a Formosa a probar suerte.

Ya en el avión recibí una mala señal cuando la azafata culo de bolsa me convidó con una barrita de cereal anal. Preferí no recibirla y a cambio preferí solo un café simil agua de media de un tercer tiempo de Curupa en sus años mozos. El Ipod salvador me hizo sentir que como dice un amigo Formosa no esté tan lejos y el piloto con cara de bueno empezó a bajar el avión. A esas alturas del viaje lo único que se puede ver son palmeras, pasto seco, y a alguna vieja usando las bolsitas por el movimiento de las corrientes ascendentes.

Los señores pasajeros deberán descender por la puerta delantera unicamente, sentenció culo de bolsa. Ya en la escalera me recibió un hermoso clima de cuarenta y tres grados, obviamente celsius, no soy tan boludo. Taxi, hotel, y desensillé como quien dice, acomodé prolijamente mi ropa, y me dispuse a elegir cual llevaría para pedir trabajo en mi nueva actividad.

Me decidí por la zunga animal print, y me fui derechito a Macarena para ofrecer mis servicios de stripper. Luego de repetidas y aburridas explicaciones me atendió el dueño del local, que me miraba desde atrás de su escritorio y compartía miradas complices con sus dos secuaces. En el momento exacto de mi propuesta estallaron los tres en carcajadas. Un profesional como yo no merece semejante falta de respeto, estoy de acuerdo en que un tipo con zunga atigrada y medias de traje cause gracia, pero no a ese extremo.

A pesar del primer fracaso, decidi que tenía que bajar un poco el nivel y a mi entender Bambú sería un lugar mejor para mis servicios. No me equivoqué y fui atendido muy cordialmente por los hombres del lugar. Sin embargo me dijeron que me faltaban y me sobraban algunos centímetros en distintos lugares. A pesar de su confusa frase me di cuenta que ahí no estaba mi futuro como stripper y pasé de aspirante a showman a stripper desocupado.

Cuando la noche acariciaba el río Paraguay, a mi me acariciaba una considerable depresión por el mal paso en mi nueva búsqueda. Me senté en un bar con una terraza al río y puse una cara que el mismo Migré la hubiera filmado para una escena de Piel Naranja. En ese momento me di cuenta de lo que estaba ocurriendo. Lo de los centímetros no eran mas que la excusa para discriminarme por porteño. No me rechazaron por mi apariencia física sino por haber nacido en Buenos Aires.

Juré venganza y al instante encontré el modo, y me propuse destruir la fauna autóctona, y el yacaré es uno de sus emblemas. Empecé con una entrada de empanadas de yacaré, seguí con pincho de yacaré, yacaré a la vinagreta y fritos de yacaré. Finalice con la sensación de la venganza cumplida entrando con vehemencia sobre una milanesa de yacaré. Sin embargo después de semejante comilona caí en la cuenta que había cometido un error, y que no tenía modo de resarcirlo, con mucho arrepentimiento y verguenza me arrodille mirando las costas de Alberdi y elevé una plegaria en favor de Margarito Tereré. Y desde aquí vayan mis sentidas condolencias a Misia Pataca que creo que alguna vez tuvo algo con el legendario yacaré.

1 comentarios:

Diego - Cerdos y Cerdas - dijo...

jajaja, usted sí que sabe comer...
muy divertido todo el texto!

Saludos