jueves 28 de enero de 2010

EN BUSCA DE GUARIDA

Escribir en casa me resultaba imposible, los gritos de mi hijo, el olor a caca de mi hija era un elemento de constante distracción. Decidí entonces buscar una guarida, un lugar en donde pudiera ser alguien por un rato, y al poco tiempo no serlo mas. Un lugar donde nadie suponga nada y donde las reglas fueran claras.

El diario del domingo me daba la información que necesitaba, y encontré un aviso que ofrecía un departamento antiguo en la calle Balcarce. El nombre Balcarce me atrae, por varios motivos, incluso algunos un poco forzados, pero motivos al fin. Una vez me comí un postre Balcarce a medias con un amigo llamado Pablo. Recuerdo un pedo histórico en la esquina de Balcarce e Independencia despúes del clericó adulterado de "El Balcón". Balcarce es un pueblo gran productor de papas, y a mi me encanta la ensalada de papa y huevo con oliva de primera prensa.


Alguna vez me olvidé unos conitos Balcarce en el puerto de Mar del Plata. Estuve profugado cerca de un volcán en Balcarce. A mi auto le pongo nafta Fangio que obviamente nació en Balcarce. En la calle Balcarce de Salta me tomé el primer daikiri de melón, era indudable ese departamente debia ser mio.


Me contacté con la dueña y me invito gentilmente a visitar su departamento, guiada según ella por la confianza que le inspiraba mi voz. Toque el portero casi con miedo y una voz pausada salio por las hendijas, un ruidito me abrió la puerta. Ni bien traspasé la puerta de hierro forjado y vidrio cambió el clima, y el ascensor no me inspiró confianza. Elegí la escalera de mármol y mientras subía acariciaba la madera de la baranda.


Juro que cuando vi a esa mujer sentí paz, el pelo blanco muy coqueto, unos ojos azules muy expresivos. Esos párpados caídos por los años y con su mano blanca me hizo el ademán de que entrara. A primera vista me impactó el piso de madera, dos ventanas inmensas que daban a la calle, las paredes blancas, algunos pocos muebles viejos, sin embargo todo me pareció cálido.


Me senté en un sillón con un brocato rojo, y en menos de un minuto apareció la Sra. Laura con una bandeja. La dejó en la mesita y me ofreció té en hebras y algunas masas que no comí por vergüenza, los gordos comemos solos habitualmente. Que postergar la charla principal por miedo a romper el clima, pero era inevitable, Laura me ahorro el mal momento e inició la charla.


Me dijo que tomara el té tranquilo mientras ella me daba algunos detalles, y me hablaba de que consideraba que el precio sería justo. Que no me preocupe por los ambientes, que después los podía mirar pero que estaba segura que me gustarían. En un momento sentí que Laura me conocía, me sentí confuso, pero esa era la sensación.



Continuará...

2 comentarios:

a dijo...

Ojo que me parece que puede sacra una valijita con chiches.

Cariños
a

Javier dijo...

Griego: Todo puede ser, habrá que esperar...